26 de abril de 2012

Celebrando el "Día del Libro" en Boston College Alto Macul

Invitado por la profesora de castellano Irania Droguett, asistí hoy a una velada literaria inolvidable en el Boston College Alto Macul, con el objetivo de celebrar la Semana del Libro junto a profesores y alumnos. En la oportunidad, compartí con lúcidos estudiantes de educación básica y media una de las experiencias mágicas que la vida me ha dado: haber conocido a Alcira Soust Scaffo, poeta y maestra uruguaya que el gran escritor Roberto Bolaño inmortalizó en dos de sus obras: Los detectives salvajes y Amuleto. 

Tras la narración de los detalles de ese encuentro con la poeta, en la ciudad de Durazno en 1992, reuní mis primeros poemas en el libro Alalia. A ella le dediqué este primer poemario, y hoy, al cumplirse veinte años de dicho encuentro, rememoré su personalidad, sus palabras y la fuerza que confirmó en mí la poesía a través de imágenes, fragmentos y lectura de poemas de Manía de hojas, acompañado por la música en guitarra de Emilio, bibliotecario y escritor.

Fue un momento de alegría que confirmó cuán necesario es entender lo que Ivonne Bordelois afirma en su obra La palabra amenazada: "Las lenguas no solo se "emplean", no solo son valores de comunicación, expresión personal o uso colectivo: contienen la experiencia de los pueblos y nos la transmiten, pero en la medida en que estemos dispuestos a reconcoer su capacidad de poder hablarnos.".


Nicanor Parra, Premio Cervantes


La noticia del Premio Cervantes 2011 para el poeta Nicanor Parra enorgullece nuevamente la poesía chilena. Qué mejor homenaje que recordar uno de sus poemas memorables: "El hombre imaginario".

EL HOMBRE IMAGINARIO

El hombre imaginario
vive en una mansión imaginaria
rodeada de árboles imaginarios
a la orilla de un río imaginario

De los muros que son imaginarios
penden antiguos cuadros imaginarios
irreparables grietas imaginarias
que representan hechos imaginarios
ocurridos en mundos imaginarios
en lugares y tiempos imaginarios

Todas las tardes tardes imaginarias
sube las escaleras imaginarias
y se asoma al balcón imaginario
a mirar el paisaje imaginario
que consiste en un valle imaginario
circundado de cerros imaginarios

Sombras imaginarias
vienen por el camino imaginario
entonando canciones imaginarias
a la muerte del sol imaginario
Y en las noches de luna imaginaria
sueña con la mujer imaginaria
que le brindó su amor imaginario
vuelve a sentir ese mismo dolor
ese mismo placer imaginario
y vuelve a palpitar
el corazón del hombre imaginario 

23 de noviembre de 2011

MAREA ALTA: Un poema de ALALIA

La noche es un astro entre nosotros.

Cabalga solitaria en la laguna.

Se ahogan las estrellas en la luna.

Cabalga la noche como un potro.



La hierba nos ata y no sabemos otro

sino el canto que se clava en la duna.

Se repite el silencio en la laguna;

la noche es un astro entre nosotros.



En el mundo la tierra nos encuentra

simulando dos cuerpos que se duermen,

balanceados como frutas siniestras.



Padecemos la luz mientras se adentra

el sentimiento con su capa inerme.

Vamos creyendo que la noche es nuestra.


De Alalia (1994). 

13 de octubre de 2011

Editan "Chile mira a sus poetas", una valiosa panorámica de la polifónica poesía chilena contemporánea


El Salón Irarrázaval de la Casa Central de la Pontificia Universidad Católica de Chile fue el lugar escogido para presentar el valioso y extenso volumen de poesía chilena "Chile mira a sus poetas: estudios y creaciones" (Editorial Pfeiffer, 2011), de las académicas Paula Miranda y Carmen Luz Fuentes. En el evento participaron los poetas Raúl Zurita, Teresa Calderón, Elicura Chihuailaf, Rafael Rubio,  Manuel Silva Acevedo y Paula Ilabaca, quienes homenajearon nuestra poesía, leyendo poemas de Ercilla (La Araucana), Neruda, Huidobro, Mistral y Carlos Pezoa Véliz. Destacó también la participación de trovadores, que rindieron homenaje al gran Santos Rubio (a quién escuché en más de una oportunidad en La Puntilla de Pirque), y el cantautor de gran talento, Chinoy.

La obra editada compendia una selecciónd e más de ciento veinte poetas, entre los que se encuentra Cristián Basso con el poema "Abriendo el higo", de Alalia. Cabe señalar que al encuentro asistieron destacados poetas nacionales que representan el carácter "pollifónico" de la gran poesía chilena.

12 de octubre de 2011

Verdadera poesía: Premio Nobel de Literatura 2011 al poeta Tomas Trastömer



Tomas Trastömer ha puesto a la poesía en el sitial que merece. Así lo anuncia un correo electrónico que circula por internet. Y es cierto. Entre tanto poema alejado de la visión más lírica y de alto vuelo creativo, la emoción y el regreso al mundo interior de su poesía nos conmueve. Un Premio Nobel para un grandísimo poeta.


LOS RECUERDOS ME MIRAN
Una mañana de junio es muy temprano
Para despertar, pero tarde para dormir de nuevo.
Debo ir a la hierba que está llena
De recuerdos, que me siguen con la mirada.
No se ven, se mezclan completamente
Con el fondo, camaleones perfectos.
Tan cerca que los escucho respirar
A pesar que el canto de los pájaros es estridente.



PUNTES DE FUEGO
Durante los meses tristes, centelleó mi vida sólo cuando hice el amor contigo.
Como la luciérnaga se enciende y se apaga, se enciende y se apaga- a medias puede uno seguir su camino
en la noche oscura del olivar.
Durante los meses tristes, estaba el alma desesperada y sin vida
pero el cuerpo caminó directo hacia ti.
El cielo de la noche rugió.
Sigilosamente ordeñábamos cosmos y sobrevivimos.



Poemas disponibles en: www.letralia.com 



26 de julio de 2011

Recordando al poeta Osvaldo Ulloa




La poesía va y viene, pero siempre está presente para el poeta y para quienes se asoman o se topan con ella; vuelve al ciclo de la aparición para deslumbrarnos o inquietarnos en el misterio de vivir y enfrentar cada día. Los poemas nos acompañan para darle a la razón una razón de ser sensible, a veces los olvidamos, porque nos centramos en el girar eterno de lo cotidiano, y se nos aparecen de pronto para despertarnos.

Cada poema es un regreso a la infancia, a la sorpresa de existir y a la vastedad de las certezas que se esconden en lo impactante que muchas veces debemos enfrentar. Recuerdo hoy a mis maestros en la poesía, con quienes trabajé en poesía como tallerista: María Bargetto y Samir Nazal: personas de gran valía humana y poética, de conocimiento generoso y sabiduría cercana. Pero hoy recordaré al poeta y maestro Osvaldo Ulloa (1954-2008), quien trabajó como discípulo del poeta Ernesto Cardenal en Nicaragua, dirigió talleres de poesía y es autor de los poemarios Poemas a Nati, Qué dirá la gente, Abrir los brazos para abrazar o volar, Poemas de Amor (a Lita Hurtado) y Manual para leer y escribir poesía.

En 1991, el poeta y profesor Osvaldo Ulloa dirigía el Taller de Poesía de la Corporación Cultural de Ñuñoa. Tenía yo quince años y decidí sumarme a sus clases de uno de sus talleres de poesía. Eran clases rigurosas, estimulantes y creativas, siempre acompañadas de uno de sus textos más conocidos Guía para talleres populares de poesía. Fue con el maestro Ulloa con quien aprendí en profundidad el legado de las vanguardias y el modo en que confirma el poeta su búsqueda de la belleza y de la verdad, puesto que si existía alguien que conocía el dolor, la alegría, la generosidad y el amor era él mismo. No tuve la ocasión de reencontrarme más adelante con el poeta y maestro de poetas, pero siempre le agradecí su generosidad artística e intelectual. Admiro su obra poética por esa fuerza expresiva por la coherencia del hombre que siguió una verdad y no una pose; sobre todo por su mirada crítica, juiciosa, orientadora que amó la libertad. Hoy lo recuerdo a tres años de su muerte. Aquí inscribo mi humilde homenaje.

Extracto de una entrevista al poeta Osvaldo Ulloa

Tú dices que la gente se vea a si misma; pero es una realidad que los libros de poesía casi no se venden y la gente a penas lee en Chile. Cuéntame tu opinión a cerca de esto

Justamente los libros no se venden porque no cumplen esos dos requisitos. Por una parte no reflejan la realidad objetiva y subjetiva de los lectores. Por ejemplo toda la capital está alterada y estresada con el Transantiago pero hasta el día de hoy yo no he visto ningún poema sobre el tema y no puede ser un tema menor si afecta a millones de personas. Así pasa con todo. Y en cuanto a la utilización de las palabras y devolverles su verdadero significado, pareciera que mientras más crípticos son los poetas son mejores. Pero eso yo creo que se debe a la mala formación intelectual porque se puede ser muy claro y escribir buena poesía.

Estoy de acuerdo con que el poema mejor es el que llega más claro al lector, así como toda obra de arte necesita un destinatario, pero ¿crees tú que en Chile exista una cultura y un público dispuesto a leer y disfrutar con la poesía?

Ese es otro tema. Y es algo que tiene que ver con la cultura del país. Chile fue un país culto donde venían de otras naciones a estudiar a nuestras universidades, pero eso es ya pasado. Las cifras dadas por los organismos competentes dan datos alarmantes. Por ejemplo que los analfabetos funcionales son un alto porcentaje de la población. Es decir, la gente sabe juntar las letras y las palabras pero no entiende las ideas que hay y los sentimientos que expresa un texto determinado. También se ha comprobado que hay un gran porcentaje de profesionales y estudiantes universitarios que no comprenden un texto de mediana complejidad. Esto es muy grave porque tiene que ver con la capacidad de pensar y sentir, las cuales están disminuidas en Chile y eso nos lleva a sentimientos primitivos y a formas elementales de pensamiento. En clases me sorprenden mis alumnos universitarios cuando me preguntan por el significado de palabras casi corrientes. No hay vocabulario y no se sabe leer. Leer se enseña y se madura en el arte de leer. Borges decía humildemente que no sabía que si era un buen escritor, lo que sí sabía es que era un buen lector. Un buen lector no surge solo ni se improvisa regalando un maletín de libros como pretende hacerlo el Ministerio de Cultura. Habría que comenzar enseñando a leer poesía que no es lo mismo que leer el diario.

(Entrevista de Sandra Maldonado: “Osvaldo Ulloa: La poesía devuelve el sentido a la palabra” . Disponible en: http://www.poesias.cl/reportaje_o_ulloa.htm)

Tres poemas suyos

1
No olvides el número de la clave de tu alegría


podrías quedar encerrado enterrado en ti mismo


podrías pasar la vida sin vida y sin darte cuenta


no olvides el número de la clave de tu alegría


esa cifra que escribieron las estrellas cuando fuiste niño


porque aunque no lo creas el número de la clave de tu alegría


no es el número de tu cuenta bancaria ni el número de tu casa


tampoco es el número de teléfono de tu amante


podrás olvidar las incontables veces que te has engañado


podrás olvidar las numerosas veces que te has propuesto cambiar


pero jamás debes olvidar el número de la clave de tu alegría


porque podrías quedar encerrado enterrado en ti mismo


Tienes que recordar tu infancia y esa noche estrellada


cuando la vida te dio la clave de tu risa.

2

EL BAILE



Cuando en la noche bailamos desnudos


desnudos hasta de nosotros mismos


vivimos en la música como en una dimensión


donde el espacio y el tiempo no existen:somos como dos


un fuego que no tiene principio ni fin.


3

No tenía qué comer


pero te tenía a ti, poesía


no tenía donde dormir


pero te tenía a ti, poesía


no tenía qué ponerme


te tenía a ti, poesía


cuando me empezó a ir bien


tuve una blanda cama


cuando fueron varias mis camisas


cuando ella empezó a amarme de


tú creyendo que era feliz


te fuiste lejos


dejándome ciego sordo mudo.








Textos e imagen disponibles en:




1 de julio de 2011

"Tiempo de vivir": Antología de poesía religiosa chilena

Este año se presentó en el Colegio San Agustín la edición de la antología de poesía chilena religiosa en conmemoración del Bicentenario de Chile "Tiempo de vivir", preparada por el destacado poeta y académico Juan Antonio Massone. Entre los textos seleccionados, se encuentra el poema "Unitivo", que pertenece a "El amor insecto" de Cristián Basso.




UNITIVO

Baja de pronto el ojo de Dios
en llanterío;
su dedo señala las nubes caídas
a lagos
a mareas
a solitarios transeúntes.

Sangra en todos los maderos.

25 de abril de 2011

Homenaje a Gonzalo Rojas tras su muerte

La literatura chilena despide hoy a uno de los grandes poetas del siglo XX: Gonzalo Rojas. Sin duda, su poesía seguirá conmoviéndonos e impresionándonos por su fuerza y su estética siempre musical, sonora, trascendente. Tuve la fortuna de escucharlo y compartir con él en 1992 en la Fundación Neruda. Desde este espacio, le rindo un sentido homenaje a él, a su obra poética y a lo que significa para un país vivir el duelo de uno de sus grandes hijos.


Uno escribe en el viento

Que por qué, que hasta cuándo, que si voy a dormir noventa meses,
que moriré sin obra, que el mar se habrá perdido.
Pero yo soy el mar, y no me llamo arruga
ni volumen de nada.

Crezco y crezco en el árbol que va a volar. No hay libro
para escribir el sol. ¿Y la sangre? Trabajo
será que me encuadernen el animal. Poeta
de un tiro: justiciero.

Me acuerdo, tú te acuerdas, todos nos acordamos
de la galaxia ciega desde donde vinimos
con esta luz tan pobre a ver el mundo.
Vinimos, y eso es todo.

Tanto para eso, madre, pero entramos llorando,
pero entramos llorando al laberinto
como si nos cortaran el origen. Después
el carácter, la guerra.

El ojo no podría ver el sol
si él mismo no lo fuera. Cosmonautas, avisen
si es verdad esa estrella, o es también escritura
de la farsa.

Uno escribe en el viento: ¿para qué las palabras?
Árbol, árbol oscuro. El mar arroja lejos
los pescados muertos. Que lean a los otros.
A mí con mis raíces.

Con mi pueblo de pobres. Me imagino a mi padre
colgado de mis pies y a mi abuelo colgado
de los pies de mi padre. Porque el minero es uno,
y además venceremos.

Venceremos. El mundo se hace con sangre. Iremos
con las tablas al hombro. Y el fusil. Una casa
para América hermosa. Una casa, una casa.
Todos somos obreros.

América es la casa: ¿dónde la nebulosa?
Me doy vueltas y vueltas en mi viejo individuo
para nacer. Ni estrella ni madre que me alumbre
lúgubremente solo.

Mortal, mortuorio río. Pasa y pasa el color,
sangra y sangra mi pueblo, corre y corre el sentido.
Pero el dinero pudre con su peste las aguas.
Cambiar, cambiar el mundo.

O dormir en el átomo que hará saltar el aire en cien mil víboras
cráter de las ciudades bellamente viciosas.
Cementerio volante: ¿dónde la realidad?
Hubo una vez un niño.

1960

De Contra la muerte, 1964.

Poema disponible en www.uchile.cl
Imagen disponible en www.islakokotero.blogsome.com

2 de marzo de 2011

Notas a la edición de VIVIR, ¿CUÁNDO COMIENZA? (Poesía Reunida) de Samir Nazal (1)


La gente que va sola, duerme sola;

el silencio se solaza con ella.


A su casa llega sola: no enciende luces.
La sombra osa abrazarla: vecina, se aproxima,
sigilosa: sienta sus blandos huesos
sobre el sofá y rebulle sus rodillas
contra la carne sola. Cruza las manos
la gente sola y accede a su promiscua
sonrisa. A veces, suspira o expectora
brutalmente. Alza la mano remisa
hacia eso.

El óleo consagrado de la calle
-consortes espectrales- pluraliza la espera.
Se esfuma el rostro en el espejo, hídrido,
acaso surge. Los retratos acechan
un asequible turno de perfumes.
Refugian los sueños: reflejan flecos,
borlas, tapices, cortinas, balcones,
enredaderas, el esbelto cenit.

La espalda de la gente sola es rugosa.
Ancha, comba, recelosa. Muy dura al tacto.

La gente sola no muere, queda sola.

Los versos anteriores pertenecen a Vivir, ¿cuándo comienza? (Poesía Reunida) del poeta y escritor Samir Nazal (1930-2008), obra en la que hemos trabajado con asombro, voluntad y rigor junto al escritor Daniel Pizarro (2) por más de dos años.

Contemporáneo y amigo de escritores de la Generación del 50 como David Rosenmann-Taub, Jorge Edwards, José Donoso y Armando Uribe, Samir Nazal nació en Limache en el seno de una familia de origen árabe, se educó en el Liceo Valentín Letelier de Santiago y estudió Derecho en la Universidad de Chile, para dedicarse más tarde por completo a las clases de castellano, de literatura y a los talleres literarios en los que formó a destacados escritores jóvenes, principalmente de la Generación de los 90 o, según la denominación de Maximino Fernández Fraile, de la Generación del 2002. El mismo “que escribía unos curiosos apuntes del natural y que influyó, quizá, en mi manera de enfocar el género de la crónica”, según Jorge Edwards o, en palabras de León Pascal, el “almirante vitalicio de la cultura underground santiaguina" que encontraba refugio para la confesión y la literatura en las noches a la usanza de la bohemia intelectual.

Uno de ellos

Cuando pienso en Samir Nazal, el estallido de imágenes que me asedia impide que lo vea o rememore en una sola construcción descriptiva que lo trace únicamente en su dimensión de escritor. Tendí tras su muerte a recrear cada conversación, anécdota y trabajo poético conjunto con la intención medio desdibujada de ordenar los recuerdos en una lógica que pretendía atesorarlos. Ingenua manera de revivir al maestro (apelativo que lo incomodaba), al amigo entrañable, al crítico severo y sensato, al poeta oculto, al lector imparable, al personaje ya mítico, al genio en contacto con lo profano y lo sagrado de la vida. Todo ello sin resultado esperanzador más que dejar que el tiempo otra vez ordenara la historia personal tamizada por la riqueza todavía misteriosa de su legado que aún falta por develar en muchos sentidos, pero renace a través de una vasta producción literaria que incluye inéditos de poesía, narrativa, crítica literaria y libretas personales que forman parte de un diario íntimo que al escritor le habría gustado titular Finis Cinis (Al final, la ceniza). Fue más generoso con la escritura de los jóvenes que con la propia.

A dos días de su funeral, regresé a su departamento en la calle Toesca, convocado por la familia Nazal, junto a otros cercanos al autor, para ser partícipe de la búsqueda y el hallazgo de su obra literaria que, a medida de que revisábamos manuscritos, notas y textos de diferentes épocas, nos fue deslumbrando cada vez más hasta darnos cuenta de que estábamos frente a un tesoro literario, lo que trajo consigo nuevas interrogantes con respecto a su opción por no publicar y la dificultad de decidir frente a textos que pertenecían a lúcidos proyectos literarios, algunos de los cuales se encontraban inacabados, pero por su indudable valor debían integrar el volumen de Vivir, ¿cuándo comienza? Poesía Reunida.

Fue sobrecogedor abrir la puerta y no encontrarlo, pero surgió de inmediato un compromiso real con el destino de sus textos. Cada uno de ellos se nos ofrecía como la apertura al descubrimiento de la voz (o las voces) que nos mostrarían más adelante en incontables sesiones al prolífico escritor que optó por el anonimato y la falta de interés por figurar en la “vida literaria” como lo confirma el poeta Premio Nacional de Literatura 2004 Armando Uribe cuando fue entrevistado por La Nación con motivo de la muerte del poeta: “Es de las personas que no necesitan la exposición pública, no tenía ninguna traza de exhibicionismo, como otros, dentro de los que me incluyo; él tuvo la enorme virtud de ser quien se es y quien se ha sido sin ningún teatro". (2) Así fue como manuscritos y escritos mecanografiados nos deslumbraron por su calidad y su cantidad, en una suerte de esplendor incomparable que confirmaba nuestra admiración por el hombre y artista que era y es en su obra.

Dejamos pasar un período para aquietar la pena y tomar distancia crítica que nos permitiera ver los textos como tales para reunirnos en la casa de su sobrino Samir Nazal Chacón, siquiatra y lúcido autor de una biografía novelada sobre el poeta, con el propósito de hablar sobre su figura e iniciar la fase lentísima del rescate de su obra, privilegiando la poesía como primera instancia.

Fue así como, entre otras propuestas aún en desarrollo, surgió el documental “Samir Nazal, poeta y maestro de poetas” del realizador Álvaro Gonzalez, y que se exhibió en parte durante el Homenaje “Samir Nazal: letra y vida”, que reunió a más de doscientas personas en la principal sala de eventos de la Biblioteca de Santiago en diciembre de 2008. En la ocasión, leyeron poemas inéditos jóvenes poetas y escritores que formaron parte de los talleres literarios que ofreció el escritor por más de tres décadas. Entre ellos, Amanda Durán, Feisal Sukhni, Mónica Montero y Macarena García.

Vivir, ¿cuándo comienza? (Poesía reunida)

La obra compilatoria reúne más de doscientos poemas en siete secciones agrupadas en torno a líneas temáticas que identifican una poética particularísima, de gran fuerza expresiva, desparpajo, desenfado e intensidad lírica que ya podemos llamar “nazaliana”, y que aborda mediante variadas formas poéticas el amor, el erotismo, la muerte, la vejez, el dolor, la compasión, la ternura y la escritura. Crónicas del desvivirse, Pastizales del Espejismo, La mirada de Adán, Litografías del exilio y Morada de lo inhabitable son parte de ella. En el corpus destacan, en una primera lectura, poemas como Salón, Mi gana es tu desgana, Si tú vinieras, cuánta fiesta; Ojos abiertos, Dios se confiesa, Incursiones al verano, Decididamente también el mar se duerme, Whe shall overcome, Nonato, entre otros más.

Además, considera la edición un estudio sobre su poesía y notas aclaratorias que sustentan la construcción discursiva del carácter orgánico del corpus textual, así como también antecedentes del proceso de recolección, lectura, selección y transcripción de textos poéticos inéditos –que exige siempre tiempo y pausa para la visión orgánica en la conformación de un libro de poemas- se convierte en una responsabilidad que obliga a reflexiones, determinación de criterios estéticos-literarios y fidelidad al extenso acopio de originales, muchas veces acompañados por más de una variante y escritos por el autor en distintas épocas de su vida, algunos poemas fueron escritos en las décadas de los 60 y 70, y otros incluso meses antes de su fallecimiento.

1993: Año del encuentro

Lo primero que conocí de él fueron advertencias de la severidad con que criticaba los textos literarios que leía y calificaba con juicio crítico insobornable, la brillantez de su intelecto y la capacidad para captar el talento literario cuando existía. Más adelante comprobé que era cierto, enriquecida la visión con su personalidad que cautivaba a todo el mundo. Uno no era el mismo después de haberlo escuchado y de haber recibido el consejo generoso de su intelecto. Me decidí entonces a enviarle el original de Alalia, mi primer libro de poemas que Samir Nazal prologó y presentó en el Centro Cultural de España el 14 de julio de 1994.

Era 1993 y yo había cumplido los 17 años cuando le envié libro empastado con letras doradas borrándose, en cuyo interior figuraban ilustraciones a grafito y un orden que yo ingenuamente creía terminado. Al pasar los días, recibí una invitación suya para visitarlo en una “librería de viejo” de la calle Manuel Montt, frente a Providencia. Y fui. Más allá del primer temor de su crítica, tenía ansias de conocerlo. Ya me era mítico y quería saber más sobre él. Nunca he conocido a nadie más afectuoso en mi vida, más alegre y más elocuente frente al amor a la vida. Gustaba de abrir las puertas de su casa a quien lo visitara. Y se convirtió rápidamente en padre de aquellos que no lo tuvimos. Generoso hasta la saciedad, preocupado de cada paso de nuestros destinos más privados y públicos; conversador y entusiasta, lúdico, ingenioso, artístico, trágico, malhablado y solemne, fluía naturalmente nuestra admiración en cada conversación que fue sumando años y años de gran aprendizaje. Discutíamos en torno a la obra de autores que él mismo nos iba presentando en las sesiones: Vallejo, Tabucchi, Cernuda, Pizarnik, Maiakovski, Ginsberg, Mistral, Kerouac, sólo por nombrar algunos. El poeta Armando Uribe declaró que “era una de las personas más ecuánimes que he conocido en mi vida. Conversar con él era una manera de alimentarse intelectual y espiritualmente".

Aparecí en la librería con timidez. Él me indicó una silla, me saludó afectuoso y me dijo "eres un palabrero, pero un gran poeta. Hay que pulir mucho". Luego hablamos de lecturas, de proyectos, de ideas y me desafió a continuar de memoria la lectura de algunos poemas de Gabriela Mistral que él admiraba mucho. Tuve suerte. Al cabo de dos o tres versos dichos por él, yo continué de memoria los que restaban para concluirlos. Esa mañana fue inolvidable. Aún lo veo reír, encantarse verso a verso, café tras café, palabra tras palabra. Yo estaba maravillado con su conversación, fue un "satori" (como decía él, es decir, "una iluminación") sentirme al fin al centro del corazón de mi familia. Lo supe un padre y amigo de inmediato. Y lo seguí siempre, durante los quince años restantes de su vida carnal.


Primeros atisbos de la memoria


Más adelante, conocí varios de sus amigos más cercanos y compartí a menudo con su entorno cultural y personal como Andrés Pérez, León Pascal, Daniel Pizarro, Manuel Peña Muñoz, entre tantos otros. Me hizo partícipe de lecturas públicas, conocí junto a él a Jorge Teillier; también me instó a trabajar de modo sistemático en mis poemas; pasamos muchas noches leyendo, riendo, llorando, contándonos historias, analizando lo inmediato, acechados siempre por el amanecer. Corregimos con entusiasmo mi segundo libro El amor insecto y pasamos juntos historias que poco a poco irán aflorando. Pero fueron años de gran fuerza, de "tristuras" como él las llamaba y de la "fiesta de vivir" a que siempre me invitó.

Cuando cumplí 30 años, y yo anhelaba trabajar en el tercer libro, me entregó la libertad para trabajar solo, porque, en palabras suyas, ya estaba preparado para ello. Quince años de taller le parecieron suficientes. Según sus palabras, era impresionante cómo yo llegaba hasta su casa con textos nuevos, haciendo correcciones que él habría determinado para ese proyecto poético. También le ha ocurrido a otros escritores y poetas jóvenes de la época, algunos de la Generación de los 90 que, al igual que yo, recibimos de él tanto que agradecerle. Quienes lo conocieron de verdad, saben lo que nos significamos uno para el otro. No corresponde que yo haga alarde de ello. Me quedo con su imagen viva, el llanto sin parar que me dejó su muerte, el júbilo de ser uno de sus discípulos más próximos y la poesía como destino que, al abrir la puerta de su departamento, me regaló para toda la vida. Recuerdo, por ejemplo, la lectura que hizo de su "Gente sola", transcrito para estas notas. Para mí, y fuera del lazo afectivo que me une a él, su obra literaria permitirá a los lectores y críticos de poesía no sólo conocer su talento, la precisión lírica y el tratamiento visionario de un universo poético provisto de gran fuerza expresiva, sino que también instalará su voz entre los grandes poetas chilenos del siglo XX, condición de la que él mismo renegó y se marginó voluntariamente para vivir concentrado en su obra y en la de los demás. Su presencia en la literatura chilena recién comenzará a conocerse y valorarse cuando se publique Vivir, ¿cuándo omienza? (Poesía Reunida), porque, concordando con el periodista Rodrigo Quiroz Ortiz de La Nación, Samir Nazal es “el secreto mejor guardado de la literatura chilena”.

NOTAS

1. Las notas que se presentan a continuación constituyen los primeros acercamientos a lo que será la primera edición de la obra poética de Samir Nazal bajo el título de Vivir, ¿cuándo comienza? cuya edición está a cargo del escritor, periodista y guionista Daniel Pizarro y del poeta y académico de literatura Cristián Basso.

2. Daniel Pizarro es periodista (Universidad de Santiago de Chile), guionista y autor del libro de cuentos La Carta Propia (Ril Editores, 1993) y de la novela Plaza del Sol Nocturno (RIL Editores, 2003). Obtuvo la Beca de Creación Literaria del CNCA para la escritura de su segunda novela.

3. Declaración del poeta Armando Uribe en el reportaje del periodista Rodrigo Quiroz Castro: “El secreto mejor guardado de la literatura chilena”, Diario La Nación, 8 de junio de 2008.

ARTÍCULO PUBLICADO EN LA REVISTA HERENCIA (Universidad de las Américas, 2011)

11 de enero de 2011

"Escribir mal", un artículo de Andrés Neuman



Transcribo un breve artículo del lúcido escritor argentino radicado en Granada Andrés Neuman, disponible en su página web http://www.andresneuman.com/hemeroteca/revistaenie_detalle.php?recordID=16. Me parece un texto excelente para empezar otro de escritura.


Está de moda, sobre todo si se es joven o se desea llamar la atención, defender el descuido formal. Le atribuimos un equívoco prestigio a quien, incluso antes de haber logrado una página aceptable, desdeña la escritura elaborada. Empiezan a sonar correctas ciertas previsibles poses incorrectas. En semejantes circunstancias, podría resultar original la reivindicación del estilismo.




En otros gremios menos cínicos, a nadie se le ocurría sostener: «Cocinar bien es una cursilada». O: «Lo que me interesa es jugar mal al fútbol». O: «Las cirugías perfectas están anticuadas». Otra cosa muy diferente sería plantearse en qué consiste escribir bien. Pensar los delicados equilibrios entre el perfeccionismo y la libertad formal.




¿Qué sería, para mí, escribir bien en el mal sentido? Hacerlo como Mallea, Amado Nervo, Azorín, Antonio Gala. Heredando clichés, reproduciendo fórmulas consideradas de buen gusto. ¿Y escribir bien en el buen sentido? Hacerlo como Borges, Nabokov, Onetti, Valle-Inclán. Desautomatizando la prosa. A medida que se hace mármol, nos vamos olvidando de que Borges no fue un estilista ortodoxo: su castellano era tenso, anómalo y oblicuo. O de que Nabokov cultivó un inglés tan esmerado como extranjero.




La imperfección tiene poco que ver con la negligencia. Ningún texto suena más fresco por corregirlo menos. Al revés, lo primero que surge es la idea consabida, la frase prefabricada. Igual que la naturalidad se logra puliendo, la espontaneidad suele ser fruto de la paciencia. Aira o Fogwill jamás escriben mal: escriben raro. No son incapaces de escribir con excelencia: ya no se conforman con eso. Se han ido desprendiendo de sus perfecciones. En la transformación estilística operada desde Ema la cautiva hasta El tilo, por ejemplo, puede apreciarse con claridad ese proceso. Que hace de la desprolijidad un complejo punto de llegada, no un cómodo punto de partida. El síndrome adolescente, entonces, estaría en pretender que uno está de regreso de lugares formales a los que jamás ha ido. Mientras tanto, el lenguaje se aburre esperando a que lo exploren.

1 de diciembre de 2010

"Sintaxis asfalto", nueva publicación del poeta Julio Espinosa Guerra




Olifante Ediciones acaba de publicar en Zaragoza (España) el libro de poemas Sintaxis Asfalto de Julio Espinosa Guerra, obra con la que obtuvo el Premio de Poesía Isabel de Aragón, Reina de Portugal, en la categoría de poesía.


El poeta nace en Santiago de Chile en 1974. En la actualidad reside en España, donde dirige la Escuela de Escritores de Zaragoza y es colaborador habitual de la publicación madrileña Revista de Libros. Ha publicado los libros Cuando la rosa aún no existía (Imprenta UMCE, Santiago, 1996, poesía), La soledad del encuentro (Mosquito Editores, Santiago, 1999, poesía), Las metamorfosis de un animal sin paraíso (Premio de Poesía “Villa de Leganés”, España, Editorial LF, 2004), La poesía chilena del siglo XX (Visor Libros, 2005, antología), El día que fue ayer (Mago Editores, Santiago, 2006), NN (Premio Iberoamericano de Poesía Sor Juana Inés de la Cruz, Gens Editores, Madrid, 2007 y Libros La Calabaza del Diablo, Santiago de Chile, 2008) y Palabras sobre palabras: 13 poetas jóvenes de España (Santiago Inédito, Santiago de Chile, 2010). Su poesía ha sido antologada entre otras publicaciones en Todo es poesía menos la poesía: 22 poetas desde Madrid (Editorial Eneida, Madrid, 2004), Cantares: nuevas voces de la poesía chilena (LOM Ediciones, Santiago, 2005), Enjambre berlinés. Poesía Latinoamericana Actual (Ediciones Vox y Editorial Grumo, Argentina-Alemania, 2008), Fuga de la nada: dieciséis propuestas poéticas (Bohodón Ediciones, Madrid, 2009) y Maletas y mochilas: geografías mutantes (Instituto Cervantes Dublín, Irlanda, 2010). El año 1998 obtuvo la Beca de la Fundación Pablo Neruda y en 2000, la Beca de Creación Literaria del Consejo Nacional del Libro y la Lectura de Chile. Ha participado en diferentes encuentros de escritores y lecturas de poesía en Chile, España, Perú, México, Suecia, Irlanda y Alemania.


Conocí al poeta cuando estudiábamos Pedagogía en Castellano en la UMCE y él había editado su primer libro de poemas. Tras muchos años, tuve la ocasión de felicitarlo personalmente en la Feria Internacional del Libro de Santiago de este año, tras una estadía suya muy breve en Santiago. Sin duda, una poesía de las "de alto vuelo". De muestra, un poema suyo publicado en la web:


L
En los túneles de la ciudad

se esconde una geografía complementaria.

En el subterráneo de esta urbe

yace contenida otra ciudad

Sólo unos graffitis

embadurnando las paredes

da cuentade este territorio

ajeno a toda estadística.

Aunque cada día

hora de un poco más

los cimientos.

Del arcaico lenguaje.

Que se levanta sobre él.ç


(De: NN, Julio Espinosa Guerra)


Fuentes.



24 de noviembre de 2010

V Encuentro Poesía en el Valle de Colchagua (Placilla 2010)



Durante esta semana se realiza en el Valle de Colchagua la quinta versión del Encuentro de Poesía, organizado, entre otros, por el poeta Patricio Morales Lizana. Entre los poetas invitados este año se encuentran Andrés Morales, Teresa Calderón, Víctor Quezada, Raúl Zurita, Jaime Quezada y Santiago Bonhomme. También han sido invitados destacados poetas argentinos. Entre las actividades, los escritores visitarán distintas localidades y leerán sus poemas para diversos públicos.

17 de noviembre de 2010

"Manía de Hojas o la búsqueda de la totalidad" por Nadia Norambuena (Presentación de la obra en el Instituto Italiano de Cultura, 2010)


Manía de hojas, creación poética de Cristián Basso, merece entre sus lectores un doble reconocimiento. En primer lugar, porque es una invitación a la relectura de Alalia, primer poemario publicado por el autor en el año 1994. En segundo lugar, porque tras un periodo de silencio, el poeta regresa acompañado de poemas de sumo lirismo. En ellos la soledad, el desasosiego del hombre moderno, la búsqueda de lo pleno, la esperanza de recuperar el sonido para nombrar al mundo, la nostalgia y el perdón encuentran la forma de ser expresados. Y hasta lo más oscuro consigue en la palabra de nuestro poeta tener luz.

Me propongo tomar la obra de Cristián Basso y, con el mayor respeto posible, ofrecer un breve estudio del imaginario poético que en ella se revela.

Para comenzar, hago una importante aclaración: Manía de hojas es una obra que se divide en tres secciones: Alalia, Coméntame si estoy contigo y Manías. Una lectura atenta nos descubre que dicha división no es azarosa, sino que, muy por el contrario, responde a tres momentos claves de un movimiento vital marcado por la búsqueda. Y será la búsqueda incesante de lo que no se tiene la que irá dando forma a un encuentro de espacios opuestos.

En Alalia, se cita a Gabriela Mistral para iniciar este movimiento vital comentado antes:

En la luz del mundo yo me he confundido.

Las palabras de Mistral se convierten en la llave que nos permitirá ingresar en un mundo novísimo, se trata de los primeros versos del poeta, quien tempranamente consigue transmitir una personal visión de lo que lo rodea y asignarle un nombre: Alalia.

En los poemas de Alalia es tan clara la irrupción de la soledad, que no hay un solo verso que no la mente, ella es la matriz desde la que se gesta el nacimiento de dos espacios opuestos entre sí. Espacios que logran ser poblados lentamente gracias a que el sujeto poético insiste en ciertos vocablos. Así es como el primer espacio lo pueblan una casa, un dormitorio, una cama, una mesa, un mantel. El resultado inmediato es la conformación de un espacio mínimo, cerrado y concreto. Ante él pronto se alzará su contrario, un espacio magno, abierto y abstracto, poblado por el mar, la noche y la muerte.

Los poemas de Alalia no saben de fatiga, cada uno de ellos nos comunica que la existencia dentro de espacios cerrados acongoja a los seres nacidos bajo el sino de la búsqueda. Las imágenes de falta de cobijo se suceden sin pausa. Los versos van golpeando con tristeza puertas que no se abren. Afuera el atardecer es largo; adentro el hombre oprimido por el espacio cotidiano se reconoce como cápsula de zumo cristalino.
Y ser cápsula de zumo cristalino en el imaginario del poeta significa que la soledad no puede conformarnos. Por eso Alalia es ansia de expansión y obligación de huida desde el espacio acostumbrado que asfixia -casa, dormitorio, etc.- a uno inexplorado. La búsqueda ha comenzado y lo más próximo y a la vez distinto es el entorno natural, único escenario para las epifanías. Las visiones imposibles y transformadoras comienzan, el renacer parece ser posible sólo lejos de una casa que nunca es hogar, de una cama que no abriga, de un mantel que debe ser lavado. Las visiones, repito, comienzan. Cito a continuación un extracto del poema Abriendo el higo, al que personalmente considero imagen exacta de estas revelaciones que, al parecer, son sólo fortuna de la Naturaleza:
Abriendo el higo


Abrí la carne del higo;
una espesa noche me sucumbió de sabores;
Abrí la carne del higo
y al abrirla
no fui el mismo.

Alalia nos permite, especialmente a través del poema anterior, comprender que la huida tiene sentido cuando accedemos a una visión de lo nuevo. Los frutos, como el higo, muestran su esencia y transforman al hombre. Se vence la prima soledad, porque la Naturaleza es ahora el refugio, es espacio abierto y recuperación de la voz. Despierta la capacidad de nombrar a los seres que habitarán al mundo hallado. Como dice el poeta en el poema “La tierra no sabe morir”:

Vienen
como quejidos de pájaros
los nombres.

El mar, la noche y la muerte son los nombres para los seres del nuevo espacio. Sin embargo, será imposible arrancarles su profunda significación. Como toda la tierra, el mar, la noche y la muerte no saben morir. Son potencias sin medida ante las que el hombre no tarda en sentirse abatido. El que huía, ¿cómo sobrevive en medio de lo magno?, ¿cómo logra el hombre, criatura apenas, no asistir al ahogo de la voz recuperada? ¿Cómo no sentirse infinitamente pequeño y sin sonido ante la elocuencia del mar, la noche y la muerte?

El poeta, en su condición de vate, sabe la verdad, por eso responde a estas interrogantes a través de su poema “Delirio”, del que cito los siguientes versos:

Ahora todo está en juego
(…)
y si no muero
es un milagro.

Sólo un milagro puede asistirnos cuando hemos elegido que nos guarde la Naturaleza, tan inmensa, tan plena, que la voz humana sólo sabe la verdad de callar… “Alalia”: ausencia del habla, pérdida del lenguaje. ¿Hay un mejor nombre para un conjunto de poemas que impelen al hombre a huir desde el silencio de una casa al abstracto escenario de lo natural ante el que no nos queda más que guardar un forzoso silencio?

La obra de Cristián Basso es, en esencia, manía de hojas que no se detiene, y con ello parece expresarnos que es inagotable el hombre en su ansia de búsqueda. Coméntame si estoy contigo, segunda sección del poemario, insiste en el motivo de la huida y la búsqueda, movimiento humano vital que descubre este estudio. La reiteración del motivo dará lugar nuevamente a la configuración de dos espacios opuestos. Y nuevamente los poemas nos propondrán un viaje, cuya clave no será la soledad, sino la potencia del placer hallado.

Coméntame si estoy contigo abre un verdadero diálogo en el que el yo es espacio cerrado hasta el instante en que descubre al placer como la potencia que lo impulsa hacia la huida de sí en búsqueda de un tú. Mientras no se inicie la búsqueda y se logre el encuentro, el sujeto poético le habla a un hombre dormido, en un sueño consigo mismo que le impide ser.

El poema “Esperanza del cacto” crea una excelente imagen de aquellos seres que están próximos a la huida y su consecuente transformación. Antes, eso sí, duermen en una especie de encierro consigo mismo:

Esperanza del cacto
¡Duerme, cacto,
llegará tu hora
de soñar el movimiento
lento de tus hojas!

Saldrás del macetero
agudo que te cansa.
La tarde en el crepúsculo
te aceptará la mirada.

Y sí saldrá el yo de sí mismo al encuentro del ser que sea su nuevo refugio. Mientras no arribe a lo nuevo, aquello lejano será promesa de un espacio abierto, y, por ende, dispuesto a recibir el placer que está impulsando al movimiento.

La sensualidad que recorre los poemas de Coméntame si estoy contigo le da fuerza a la hipótesis de que el placer es un puente para el hombre que lo libera del natural encierro en sí mismo para comunicarlo con el mundo. Es en esta sección del poemario que cobra volumen una de las temáticas más importantes que cruza la poesía de Cristián Basso y que ya se pudo percibir en Alalia: la huida del dolor y la humana búsqueda de la totalidad. La totalidad parece, eso sí, ya no habitar en la Naturaleza, sino en el encuentro de los cuerpos y sus historias. Pareciera que los padecimientos connaturales a nuestra raza perecieran ante la fuerza del Eros.

En relación con lo afirmado antes, cito el soneto “Perros solares”, sin duda una de las obras magnas de este momento que analizamos, no sólo por el dominio cabal de la estructura, sino por las imágenes de profundo erotismo a que da lugar:

Perros solares

Esta jauría alegre sobre el pasto
rebana en lonjas el amanecer.
Son distantes de todo padecer
y tan estrechos en el cielo vasto.

Patas arriba retózanse y lamen;
son oscilantes cuerpos sin edad,
y para siempre la felicidad,
girando como olas por el parque.


Pero Eros es una deidad especial, fruto de la abundancia y de la pobreza según Platón, no sólo tiene bajo su tutela los buenos amores, sino también los trágicos. Tal vez, por ello, “Coméntame si estoy contigo” guarda en sus entrañas un tono de desesperanza. Tornándose el movimiento por momentos dramático, como si se intuyera de algún modo que el tú que se busca es espacio abierto sólo en su calidad de promesa de encuentro, pero se cierra toda vez que reparamos en su condición natural de ser otro. Finalmente lo que se busca es la totalidad, una que, no obstante, atrae por estar ubicada en la otredad. Y la otredad es siempre distante. De este modo, la búsqueda, por momentos frenética, se topa con el obstáculo de esperar el hombre las verdades lejos de sí mismo.

En el poema Limosna, sus versos son la visión de este sin sentido que crece ante el choque con un tú que es espacio cerrado, negación de cobijo. Cito un fragmento:

Limosna
En esta mano
no cae nada
ni el pan
ni el agua
ni la moneda.
(…)

¡En esta mano
cayó la muerte
y la palabra!


En la tercera sección denominada Manías, el poeta retoma parcialmente el título de su poemario como si de este modo nos anunciara que el movimiento vital iniciado en Alalia tuviera que resolverse por fin. Manías no completa el título porque lo hará cada una de sus hojas, lentamente, a través de cada poema. Es un imaginario poético que comienza a completarse, que ha madurado hasta generar un cambio en la mirada. La búsqueda, motivo esencial de toda la obra, se retoma ahora gracias a las primeras palabras pronunciadas muchos años atrás por don Alejandro Benelli Bolívar: Hubimos de ver y comprender esa Babel del laberinto.

Cristián Basso Benelli, respetuoso de sus antepasados, se reconoce como heredero y desde esa condición, con fuerza, consigue que sus poemas construyan los dos últimos espacios desde los cuales será posible iniciar y concluir la búsqueda. La clave será el tiempo, que de él ya nos dice algo la cita antes leída. ¿Por qué recurrir a los antepasados para iniciar la última etapa de su obra? ¿Qué mundos comienzan a tomar forma? Que por ahora nos baste saber que es el tiempo la potencia creadora de dos espacios opuestos entre sí.

Con Manías, la poesía entra en un nuevo estadio, luminosa, más clara, hasta adoptar el tono de rezo. El dominio del lenguaje es total, las palabras vienen al encuentro de lo que se quiere decir. El poeta vence la Babel del pasado mítico, vence el laberinto de la urbe, el ahogo de las calles y de los recuerdos. Construye su propia torre y desde allí con el verbo conquistado alcanza el cielo de su propio imaginario. Atendamos sólo un momento al descubrimiento del poder del lenguaje en un fragmento del poema “Manía de hojas”: Las palabras las regala el día, / Saben vivir. Saben el flujo, orientarse en los rieles del dilema, / ser el efecto de Dios.

El poeta ha descubierto que su dominio está en el lenguaje -que recupera con fuerza después de Alalia-. Su propia torre hecha de palabras le permite atisbar desde el presente -primer espacio- al pasado -segundo espacio-. Y con total conciencia de que el presente es el único espacio para habitar, cada verso será en Manías la oportunidad de buscar en el pasado los fantasmas, los seres ya idos, las historias vividas. La mayor revelación es que la búsqueda esta vez no será huida, porque cuando descubrimos quiénes somos nos satisface el encuentro con nosotros mismos. Con todo, saldar es ahora la clave. El ayer no puede quedar abierto cuando el hombre repara en sí y su capacidad de estar abierto al mundo.

La captación del pasado se logra con un lenguaje benévolo. Sin ambages, se entra en él para perdonar o rogar. Es que uno mismo también puede ser espacio ideal de otros cuando se comprende la magnitud de lo que somos.

En “Oyendo a Carpenter’s”, una de las creaciones más admirables de nuestro poeta, se logra entrever esta comprensión que Manías busca revelar a través de una poesía transformada en rezo. Cito un fragmento del poema:


Oyendo a Crapenter’s

Te ofrendara el mismo cuerpo,
tuyo o mío, mío o tuyo,
para que hablaras de nuevo de tus sombras
y fueras feliz,
como yo, oyendo a Carpenter’s.

Leemos y comprendemos que no tortura lo que ya fue si logramos, a través del perdón o el ruego, situarlo en su justo lugar. Esto es lo que, en definitiva, se descubre en Manías. El movimiento vital de todo hombre, especialmente el de hoy, puede aquietarse, sentir gusto de sí mismo, ondular en uno. Que sea nuestra mirada, nuestro deseo, nuestra nostalgia la que viaje más allá de nosotros, que se interne en los laberintos, pero que nunca dude en volver despojada de pesos ajenos, parece decirnos el poeta. Cito el último fragmento poético, donde la lucidez conseguida se muestra en su máximo esplendor:

Expropiación
Y no la vi afiebrado de mí hasta ahora
que el tiempo me hizo libre de su madriguera.

No hay duda. La obra de Cristián Basso, abordada en este estudio, tiene un cierre magistral en su última sección Manías. Su obra completa, Manía de hojas, logra ser un exquisito recorrido por las distintas miradas del hombre contemporáneo. Lo inicia todo Alalia, representación del primer encuentro del poeta con el mundo y el natural ahogo de quien tanto tiene que decir. La madurez comienza a vislumbrarse en Coméntame si estoy contigo, colección de poemas de tono sensual que nos preparan para un discurso pleno de lirismo.

A modo de conclusión, me quedo con la mayor virtud de Cristián Basso Benelli: la transparencia de su poesía. Sus versos no son esquivos a la comprensión, si aceptamos ingresar al reino de la belleza. La soberbia y el cinismo contemporáneos aquí no tienen lugar. Nuestro poeta es heredero de la poesía original, de aquella que fue hermana de la música, de aquella que seduce, que conmueve, de aquella capaz de completar lo creado.


Nadia Norambuena: Es ensayista, licenciada en educación en castellano y profesora de castellano por la Universidad Metropolitana de Santiago. Cursa el Magíster en Literatura Hispanoamericana en la Universidad de Santiago de Chile.

10 de noviembre de 2010

Silueta de industria


Moribundas en el corazón,
a un costado del respiro,
brillan fugaces las industrias,
vociferan la tarde como si fuera propia
y nada ocurriera adentro
más que historias pasadas
que muerden furiosas su espiral de ira;
recordándose a sí mismas
las turbias alas que las limitaron
a cuartos sin luz, a horas sin respiros,
a vendavales donde la ilusión
acorraló sus desperdicios.

Así su luz suplica en las ventanas,
voraz de túnicas como el lecho del enfermo
en días incendiados;
harto de gritos, harto de arrepentimientos,
voraz y quemante levadura del ser
que dejamos en el abandono de lo no oído.

Brillan así. Huyen a sus brazos
como discusiones nimias,
anuncian el encanto del final;
trizan la sed del cielo,
creen que somos o dejamos de existir.

20 de octubre de 2010

Andrés Morales presentará Antología Poética de la Generación del Ochenta en Chile



El próximo 31 de octubre a las 19:00 hrs. presentará el poeta y académico Andrés Morales su obra compilatoria "Antología de la Generación del 80" en la Sala Pedro Prado de la Estación Mapocho durante la realización de la 30 Feria Internacional del Libro. Sin duda, será un acontecimiento para la literatura chilena, puesto que reúne a los principales poetas de dicha generación, además de un estudio crítico de los poemas. La obra será editada por Magoeditores.

7 de octubre de 2010

La literatura en español festeja: Mario Vargas Llosa, Premio Nobel de Literatura 2010

Escritores, poetas, editores, intelectuales,académicos, profesor de español, lectores. Son tantos los que celebramos este día la obtención del Premio Nobel de Literatura 2010 para uno de nuestros principales autores de literatura escrita en español y cuya consolidación hoy se imprime en la historia junto con otras voces de gran presencia en el concierto literario: Gabriela Mistral, Miguel Ángel Asturias, Pablo Neruda, Octavio Paz y Mario Vargas Llosa. El premio consagra su obra y acerca al mundo la lengua de Cervantes y de América.
Imagen disponible en: www.alfaguara.com